Estados de alerta de Jeff Cooper

El Teniente de los Marines, Jeff Cooper, hizo grandes contribuciones al mundo policial y militar, pero de entre las más destacadas, aparte quizá de las normas de uso de armas de fuego, se encuentra la escala de estados de alerta.

Cuando el Teniente Cooper se retiró y estableció su academia (primero la API, American Pistol Institute, y más tarde Gunsite, que pervive hasta hoy en día) se volcó en intentar averiguar porqué ocurrían tantas bajas entre los miembros de las fuerzas de seguridad estadounidenses.

Entre otras innovaciones, ideó el código de colores de estados de alerta, cuya comprensión y efectividad es tremenda, aunque no menos que su utilidad práctica.

Pero no solo para policías, sino para cualquier ciudadano que transite por la vía pública.

El sistema, sencillo como hemos comentado, se basa en una escala de cuatro colores que indica nuestro nivel de atención y de preparación (últimamente se ha añadido un quinto color, al final de la escala, que indica una situación de enfrentamiento mortal, que no se encontraba recogido en el sistema original).

Este sistema se usó para enseñar a los cadetes de policía como debían variar su estado mental en función de la situación, y como otros cambios involuntarios afectaban a su cognición y reacciones.

Empezamos por el principio

Empieza en el blanco, y es en el que te sueles encontrar cuando paseas tranquilamente por la calle, o realizas alguna actividad relajante, totalmente absorto de lo que te rodea.

Estás ensimismado, tranquilo, relajado y no eres consciente de tu entorno ni te preocupas por la gente o las circunstancias que te rodean. En este estado, si te encuentras paseando por la calle, solo o con tu familia, eres una víctima potencial.

Cualquier “lobo” en busca de una presa te identificará como un botín fácil, porque no le verás llegar.

Sólo notarás su presencia cuando sea demasiado tarde y él haya cumplido su objetivo.

Debemos tener presente que, por mucho que nos cueste creerlo o asimilarlo, a los “depredadores” no les importa nada lo que te ocurra ni a tí ni a tu familia, únicamente desean obtener algo, sacar provecho, con el mínimo esfuerzo y riesgo posible, y huir a toda prisa.

Ese es el estado en el que te encuentras la mayor parte del tiempo, lo cual es lo normal, pues mantener un mayor nivel de alerta continuada, al igual que una situación de stress prolongada en el tiempo, puede ser agotador, y no es sano, pues puede acarrear consecuéncias físicas y psicológicas.

Es también el estado en el que patrullas, junto a tu binomio o en solitario, hablando de asuntos banales y cotidianos o pensando en tus asuntos, mientras vas escaneando lo que ocurre a tu alrededor, pero sin buscar nada en concreto, solo captando el ambiente general.

Ahora puede que me digas que cuando estás trabajando vas atento a tu entorno buscando “cosas raras” en el ambiente.

Actitud, fisiología y psicología. Aquí todo cuenta

Pero aquí no hablamos solo de tu actitud, sino de como tu cuerpo reacciona ante las amenazas influido por como decides afrontar las situaciones.

Puede que no vayas distraido mirando el móvil o hablando sino buscando activamente amenazas, pero realmente no tienes un nivel de tensión elevado en el cuerpo.

Estás relajado.

Y si realmente te pasas todo el servicio en el siguiente estado, en tensión, analizando tu entorno de forma activa y buscando amenazas, es muy probable que tu salud se resienta.

Nunca debes descuidar lo que ocurre a tu alrededor, pero sin forzar el cuerpo.

Cuando ya no estás tan tranquilo

El siguiente color en la escala es el amarillo.

Este estado, aunque no implica una atención consciente y plena hacia un lugar o suceso concreto, sí que te sitúa en una posición de alerta. Le prestas más atención a tu entorno, concretando en aquellos puntos o personas que consideres que pueden ser una potencial amenaza.

Recurriendo al ejemplo de antes, si vas paseando con tu familia por alguna ciudad que no conoces, y por error atraviesas una zona conflictiva o marginal, notarás como ya no estás relajado. Dejas de admirar el paisaje distraídamente y empiezas a controlar tu alrededor. Puede que, si estabas charlando, dejes de hacerlo para poder procesar mejor lo que ves, por si observas algún peligro potencial para tí o tus seres queridos. Como en algún otro de mis artículos, el mindfullness vuelve a salir a relucir y es de aplicación aquí. Atención plena y consciente a lo que ves, oyes y sientes.

Fíate de tu instinto

El instinto aquí también juega un papel importante.

Debemos fiarnos de él.

Las intuiciones están basadas en información subconsciente que procesamos sin prestarles atención concreta, pero que completan lo que ya sabemos de algo o de alguien.

Como bien dijo Emilio Duró en una de sus muchas formaciones “el que tiene cara de tonto es tonto, y el que tiene cara de malo es malo”

Y si en realidad no es así, puede que en una situación de riesgo no desees comprobar la verdad, sino ponerte a la defensiva para proteger a los tuyos y poneros a todos en un contexto más seguro.

En este estado te encuentras cuando vas a un servicio con personas agresivas, en las que ha estado o está presente la violencia, o en el que preveas que tu compañero y tú os vais a encontrar en una situación arriesgada (incendios, peleas en zonas de ocio, discusiones en barrios conflictivos…)

A nivel fisiológico, experimentas un aumento (aunque aún es ligero) de la frecuencia cardiaca y respiratoria. Se ponen en marcha los mecanismos naturales de alerta, que te preparan para enfrentarte a un peligro, huir o que te hará quedarte paralizado.

Si ese presentimiento de peligro se concreta en un ataque, entonces pasamos al estado rojo, el último en la escala que originalmente propuso el Teniente Jeff Cooper.

Lo peor está por llegar…

Aquí ya la adrenalina fluye por tu sangre, y ésta se acumula en los músculos grandes, sobretodo piernas y brazos. Experimentas exclusión auditiva, visión de túnel, pérdida de las habilidades motoras finas y tu cerebelo, la parte más instintiva de tu intelecto, toma el control de tu cuerpo para hacer frente y sobrevivir.

Durante este lapso de tiempo, las primeras reacciones y emociones son instintivas, vienen pre-programadas en tu ADN, y ocurren de forma involuntaria, pero un entreno y preparación diligente y adecuado te ayudará a moldearlas, acortar el tiempo de actividad “subconsciente” y hacer uso cuanto antes de tus habilidades y recursos adquiridos durante tu formación

Una frase que ayuda a entender un poco lo que ocurre al estar en este estado sería la de “practica hasta que la mente olvide y solo el cuerpo recuerde”.

El ejemplo claro lo vemos en las artes marciales, donde al principio la enseñanza se centra en la correcta ejecución de los movimientos, y de ahí se pasa a la práctica contínua y deliberada (y de nuevo la práctica del mindfullness se cuela en el artículo) de las habilidades memorizadas, hasta que estas formen parte de tu naturaleza, y las uses sin tener que recurrir a la memoria para saber cómo ejecutarlas, sino que “salgan solas”

De ahí que sea tan importante, aunque algunos “maestros” olviden algo tan básico y esencial, cimentar bien unos conocimientos y habilidades, antes de empezar la práctica y el estudio de nuevos movimientos, pues la acumulación de técnicas memorizadas no distingue a un buen artista marcial, sino el profundo conocimiento de ellas y la aplicación inconsciente de las mismas en el momento adecuado.

Una pequeña ampliación del sistema

Y el último de los estados, añadido con posterioridad, es el negro.

En este estado lo que corre riesgo es nuestra vida. Te enfrentas a alguien o algo que, de no ser vencido o evitado, te matará (o al menos eso crees), y tú eres consciente de ello.

Las reacciones fisiológicas que experimentas son similares a las del estado rojo, aunque potenciadas, y la adrenalina alcanza niveles máximos.

No se puede estar en este estado durante mucho tiempo, y cuando finalice, la sensación de agotamiento, aunque no hayas hecho demasiada actividad física, estará presente. Tanto mental como físico.

Tu cuerpo ha experimentado un pico de sensaciones y reacciones del que se tiene que recuperar y volver a niveles hormonales basales.

Aunque los dos primeros estados son voluntarios, y los puedes “activar” a voluntad, necesitarás a alguien con intención y capacidad de agredirte para poder experimentar el cuarto estado (nivel rojo), y entrenar tu comportamiento en esa situación.

¿Piensas que tu entreno te prepara para esta situación?

No, de ninguna manera puedes entrenar situaciones de “estado negro”.

Nunca, por muy realista que sea tu entreno, podrás simular los cambios fisiológicos y hormonales que se producen en el cuerpo ante una amenaza contra la propia vida. Tu sabes en el fondo que entrenando no vas a morir, bueno, o que al menos no quieren matarte, y eso evita que se produzca ese “click” que se activa ante una situación real.

Por eso, no tiene demasiado sentido combinar entrenos físicos con el uso de armas de fuego, pretendiendo que al usarlas de esa manera, imitamos lo que ocurre durante un enfrentamiento real.

Está bien realizarlo para prepararte a usarlas en un estado de agotamiento, porque con una alta frecuencia cardiaca, las habilidades motoras finas se ven deterioradas, pero no se deben confundir ambas situaciones.

Ya está científicamente demostrado que entrenar el uso de armas de fuego con las pulsaciones elevadas por el ejercicio no es un buen predictor del comportamiento con armas de esa persona bajo stress.

Como hemos indicado, es imposible ejecutar respuestas entrenadas ante un ataque repentino, inesperado y a corto alcance. Primero reaccionará nuestro instinto, dejando luego paso al entreno, que cuanto más completo, sencillo y asumido esté, menos tardará en “aparecer”

El entreno bajo stress

De la misma manera, no tiene sentido intentar enseñar habilidades en los llamados “entrenos basados en la realidad”, puesto que bajo stress nuestra capacidad de aprendizaje se ve disminuida.

Estos entrenos deben realizarse, y son muy importantes, para probar la correcta asimilación de enseñanzas impartidas. Pero solo deben ser aplicados en personas cuyo entrenamiento está completo, y la adición de stress al mismo, complementará su aprendizaje.

El uso de estos escenarios basados en el stress para dar formación, no solo es mucho menos eficaz, sino que además puede provocar las llamadas “cicatrices formativas”, cuyo resultado es el contrario al que se pretendía obtener.

Pero ahondaré en todo ello en otro artículo de esta web, pues el asunto da para mucho.

Si no estás de acuerdo, o por el contrario te encanta, me gustaría saber tu opinión.

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Un saludo